Relato de Melba Guariglia, leído en diciembre de 2007 por la actriz Mariella Chiossoni en la Casa de los Escritores.

ALTERNATIVA AUTÉNTICA

Melba Guariglia

Reconozco que la letra A no me es indiferente, tiene un contenido trascendente para mí. Eso sí, no me pregunten el motivo. Muchas veces tenemos sentimientos confusos y pocos pretenden aclararlos, quienes lo consiguen suelen terminar en la cárcel, en el mejor de los casos en algún asilo, apartados al fin. Yo no quiero complicarme la existencia, lo que sí admito es que me complace esa letra.

Cuando era niña me regalaron un ábaco para los números y unos cubos para aprender a leer, pero al ver aquella luminosa letra en relieve sobre uno de los lados quedé asombrada. A partir de allí conocí a la letra A y supe que mi destino estaría ávidamente ligado a ella.

En la escuela dibujaba mis aes con tal habilidad que mis compañeros me llamaban Aíta, un poco en broma, sin saber que yo me sentía más que orgullosa al pensar que algún día podría llegar a parecerme a esa hermosa letra, ya fuera grande o pequeña, vacía o llena.

Mis maestros admiraban mi caligrafía de trazos seguros y variados; con el tiempo en cualquier escritura mis aes florecían, como abiertas amapolas sobre la pradera de un álbum. Me gustaba dibujar ramos con ellas, y hasta llegué a creer que serían capaces de cobrar vida y bailar entre las hojas de los libros o en andas de una agenda, alegremente.

Por esos días fue que a mi casa llegó un anónimo que decía: A te engaña con A. Sé que mi madre lo quiso ocultar pero yo lo vi y recibí una gran decepción al admitir que se puede faltar a la verdad sin dar la cara, valiéndose de una sola letra indefensa sin autor que abogue por ella. Esa vez lloré de impotencia porque nadie merece ese amargo agravio.

A medida que fui creciendo descubrí nuevos dibujos de A: minúsculas, mayúsculas, imprentas, itálicas, caligráficas, ariales, en fin, a los 18 años había encontrado 124.857 tipos distintos en diversos cuerpos y almas. Afanosa seguía buscando, porque una adicción desconocida me unía a ella y me ardía en la aorta.

Adolescente me reconcilié con la Humanidad y me inscribí en Abogacía para aconsejar en actas, apelaciones y acuerdos, no para afanar a nadie. Un día paseando por un área de altos árboles en ancas de un asno, vi un corazón tallado en un tronco. Habían grabado la corteza con una aguda abertura y en medio del corazón decía: A ama a A. Allí, al amparo de los álamos aspiré admirada el aroma del aire leyendo poemas de Agustini y me sentí un aeda.

Pero, como les contaba, hay altibajos en todas las historias: agobios, ahíncos, agujeros en el ánimo; cuando a los 49 años comencé a trabajar observé que no todos ponen atención a las letras. Hay una tendencia masificadora que deja de lado la belleza de la peculiaridad. Aparecen los métodos globales, la globalización, los globos de aire; por ende, las letras pierden su identidad y se desinflan. Antojóseme, entonces, rescatar a mi adorada letra de tanta animadversión.

Lo cierto es que mis aspiraciones no siempre son comprendidas, por eso no me fue fácil retener amores, pero por esos años descubrí la importancia de la amistad, la cual empezaba con A, y decidí emprender la búsqueda de amigos cuyos nombres se iniciaran con ese signo. De ese análisis podría afluir el afecto que ascendía por mis arterias.

Así fue como conocí a Alicia, Adelaida, Álvaro, Alba y Arbeleche. Con ellos conocí el amor por el arte. Acontecieron después Andrea, Ana, Andrés, que apoyaron mi alicaído ánimo.

Aprendí mucho: el altruismo, el abrazo, el arrojo, la lucha emprendida con amplia alegría y a escribir la arroba de la comunicación cibernética, además. Supe también hacia dónde ir, por supuesto, arriba y adelante.

Ahora bien, ya les dije que a mí no me gustan los conflictos ni las armas, pero existir en este mundo de incomunicación alevosa es un desafío, y mi alter ego me adoctrinaba, aunque al acaecer nuevos aciertos en las acogedoras letras, el alfabeto comenzó a atormentarme. Antes no me importaba tanto como ahora, aquí me empezó a importar más que allá, de modo que inicié un proceso de discriminación aística que me llevó a pensar que ya no podría vivir sin la letra, porque A formaba parte de mi casa, de la tuyA, de la cAsa que amorosamente habíamos construido entre autores, y de mi propio nombre, es decir de mí misma. Me repetía, "A es igual a A", con Aristóteles, y me aliviaba. Así llegué a la antigüedad de crear un ático de papel donde abitar.

Aislada actué en forma absurda, ansiosa. A solas con mi diccionario alfabético anexé abundantes aportes a mis ahora definidos intereses aístas. Acabar con palabras que no condecían con el espíritu acorde a la altura de la A fue una acción ineludible para ampararla.

No era posible que se utilizara tan bella letra para comenzar palabras como abandono, adefesio o asco. En ese período fue cuando presenté el proyecto de modificación y reforma de la lengua castellana a la Academia, apoyada por Achúgar. A de ninguna manera podría acongojar, asesinar, aburrir, acallar en palabras de tan bajo contenido.

Sé bien que las relaciones humanas se hacen más complejas para los que procuramos cambiar la apariencia para afirmar al contenido. Hay personas que no entienden el valor de las pequeñas cosas y ni siquiera buscan algo más alentador, ni en las palabras, ni en las letras. Por eso no me han hecho caso todavía, tal vez algún año alguien adscriba algo y asuma el atrevimiento de no hacer como el avestruz.

A mis letras me debo, mejor dicho A mi letra, por lo que seguiré afirmada en la Alternativa Aística para alentar en la campaña de las elecciones abecedarias. Tal vez, los más amplios me acompañen.

No es posible vivir sin anhelos, afinidades, ansias. Confieso que me arroba bostezar porque cuando abro la boca digo Ah, cuando suspiro de placer pronuncio apasionada Ay; ayer anduve activa por actuar armoniosa y artística, ahora ando astuta y audaz con mis amantes.

A aquellos que no me comprenden les digo que la A es la primera letra del alfabeto, la primera vocal, la primera preposición, es el as de las letras, la primera actriz de la asociación de autores amigos y aliados de la cAsa, y de la acción atlética de actores acróbatas (¿o ácratas?).

Apreciados Americanos Artiguistas, creo que tendríamos que articularnos sin armar líos, Aunque Aún sean muchos los que no se Animan a Apoyarnos en este mundo ancho, ajeno y abollado.

Les repito, si me preguntan no sé qué me llevó a esto, ¿fue Amor A primera vista en los primeros Años?, ¿una afición atroz? ¿un absorbente aburrimiento? Auténtica y Afortunada puedo decirles que yo la Amo y creo que ellA tAmbién me AmA, en esta ambigua y anonadada aspirante a Algo que soy.

Quizás todo hayA sido porque desde muy pequeñA uso Anteojos, o A lo mejor, porque nAcí en el mes de Abril.

 

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