JORGE NÁNDEZ BRITOS, nació en Maldonado, en 1955. Curso estudios en el Instituto de Profesores “Artigas” donde se desempeñó como docente y finalmente como director efectivo de la institución. Su actividad profesionalha estado estrechamente ligada a la educación media y superior. Cuenta con publicaciones referidas a la eduación y a su especialidad como professor de lengua.

La poesía ha sido convocante desde su adolescencia. En 1981, publica Aquí/Entonces una plaqueta con dibujos de Juan Mastromatteo y Jorge Nigro. El poemario integra en un espacio de búsqueda lingüística la evocación de un pasado irrenunciable, el amor y el compromiso político.

Los rostros y la cara se publica en 2002 con ilustraciones de Jorge Nigro. El libro apela a la búsqueda intimista del vínculo humano a través del amor, la confraternidad y el dolor.

En 2005 publica Imprimismos, libro escrito muchos años antes en España. El lenguaje cobra un protagonismo singular a través del cual las constantes rupturas lingüísticas procuran dan cuenta de un estado de conciencia expuesto y absorbente de una realidad que se descompone y recompone desde un yo constante.

Simas (2006, ilustrado por Adolfo Nigro) asume el mundo como una realidad inmediata y alcanzable en la cual a pesar de las culturas y las geografías distantes se constatan la similitud de las emociones. Un recorrido por distintos lugares geográficos exhiben la capacidad humana de exhibir sus pasiones. El último poema del libro pretende exhibir esa globalidad componiéndose con el uso de todos los títulos de los poemas del libro.

Votivos aparece en 2011. Ciento treinta y tres poemas de cuatro versos cada uno que se distribuyen en tres secciones y procuran ser un homenaje a la mujer. La primera se construye en torno a la mujer del amor. La segunda parte procura recorrer un espacio de vida que tiene como referencia a las abuelas y madres de desaparecidos. La tercera recoge historias de mujeres protagonistas de la historia y de la literatura.

 

IMPRIMISMOS

 

Aquella vez te vería

estaría próxima sinceramente

bajando de pronto

cuatro de octubre oficial dos 470

y un transparente que alababa su sombre

No hay aciertos ni laterales

Señales acaso que signan

impresiones imprimismos  

vagas circunferencias

de buscarnos de uno a dos

cuando el sol ya saldría

Para nunca

definitivamente

(del libro “Imprimismos”)

 

 

CRECER DE TIERRA

 

Crecer de tierra

vaivén de viaje

hallar tu cara en los espacios blandos de la espera

llegar a mano ansiosamente

hacerte ojo luz mirada labio ala

hasta pulirte mansedumbre- por las noches

en un cuarto de nana

 

Qué suave de caricias se haría la piel

cuando amanecías en tu costado

 

Los años construían sus pedales

Te viera correr entre flequillos desenvueltos

en las picardías de la túnica

orillar el parque con tu magia de espadas

 

Fue de la mano al puño

del agua al pez

en cada remo fuese

que diste en palabra tus palabras

Y  descubriera que detrás de la moña

brotaría el pájaro en si ciclo

el corazón en tu vientre

 

Acompañar tu presencia

hacerse tu presencia un mundo necesario

Enlazar señal de camino- lazo que abrasa

Verte crecer la tierra desde tu raíz

Para extrañarte siempre

Para aprenderte siempre

       (del libro “Imprimismos”)

 

XIII

 

Esta noche lloro

porque lastiman las venas.

 

Un pájaro cruza con una flor en el viento

y yo sé, Flaco, que no se escuchará

más tu voz.

 

Una letanía tanguera

despide el alma

y una mujer aguarda.

Es decir, no siempre la noche

es una nube de tumbas.

 

Los amigos han crecido

y sus ramas llegan al corazón.

 

Sin embargo, el tiempo se los lleva o los acerca.

Un vaivén de puñal pone a prueba

esta suerte de péndulo:

a veces lamentamos la lejanía por lejana;

a veces, la lejanía por cercana.

 

Esta noche lloro,

es verdad.

Un llanto no de pena ni de lástima.

Un llanto sin nombre como

cuando oí tu voz no sé si por primera o última vez.

No hay palabras impronunciables

ni leyes finales.

 

Los hijos crean las estrellas,  

cada hueco tiene su latido

y aún lo absurdo merece su destino.

 

Son los rostros de la cara:

escarbar el segundo porque todavía rinde su tiempo;

aceptar las manos

y recoger el agua que nos refleja y nos ahoga,

porque, al fin y al cabo,

no hay condena para la sangre

aunque la condena sea posible.

 

(del libro “Los rostros de la cara”)

 

Aquí lo escuchamos en "XIII" :

https://soundcloud.com/casa-escritores-uruguay/xiii

 

 

 

 

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