Las siguientes, son las palabras de la Presidenta de la cAsa de los Escritores del Uruguay, Melba Guariglia en ocasión de la sucesión a la nueva Comisión Directiva.

Amigos y amigas de la Casa de los Escritores del Uruguay:
Quiero agradecer en primer lugar a quienes hicieron posible esta Casa, a los escritores, a los no escritores,  a los que nos ayudaron a levantar las mamparas, a pintar los pisos, a correr las sillas, a los vecinos  y a los que desde hace más de cuatro años tuvieron la idea de unirnos para no estar ajenos a la realidad de nuestra gente.
No quiero nombrar a nadie porque no son los nombres los que hay que destacar sino las personas que hay detrás de esos nombres, y que no siempre se ven. Ellas son muchas y muy valiosas, tanto que sé que no pretenden ser nombradas.
 Los que estuvimos trabajando estos dos años sabemos que la Casa no se hace con los textos ni con las obras que escriben los escritores, sabemos que las letras se hacen con kilos, como cuando la fundamos y con solidaridad como cuando nos reunimos con gente que le gusta leer y escribir, y que eso le importa más que otras pequeñas potestades.
También sabemos que no es fácil lograr acuerdos en lo que una Casa de escritores tendría que ser o hacer, ni en lo que se hizo hasta ahora, pero sí en que aquello que se fue intentando construir y efectivamente se logró fue con las mejores intenciones, sin afán de divismo o competencia y en conjunto, con un perfil menos mediático pero más sincero.
Los que estuvimos trabajando aquí, en nuestra Casa real, lo sabemos, porque tuvimos como cabecera la crítica y la autocrítica, alejados de los elogios y los protocolos, y hasta de algunos narcisismos que solemos frecuentar por defecto los escritores y escritoras.
Quiero agradecer además a quienes hicieron posible el funcionamiento de esta Casa con el apoyo económico de las cuotas, con la ayuda institucional y personal, con la pequeña contribución que nos permitió correr con los gastos de una casa apenas nacida, y a los que generosamente donaron o prestaron los equipos, y por supuesto a la IMM, gracias a la cual pudimos hacer posible la consolidación de la Casa en su infraestructura y en su pago a la labor de los escritores invitados, con la concepción de dignificar la tarea intelectual.
También agradecer a la Comisión Directiva actuante en estos dos años, que me tocó presidir, y que hicieron más llevadera la responsabilidad que tuve que asumir, ya que aun en la discrepancia supimos dialogar, comprendernos y abrazarnos.
Ahora es para mí un honor dejar este lugar en manos de una nueva comisión directiva elegida democráticamente, con el aval de la comisión electoral elegida por la asamblea. Sobre todo porque muchos de los electos responden a los lineamientos de la anterior directiva y porque los nuevos merecen total confianza. A ellos les toca ahora demostrar que la Casa es solamente eso, una casa, no un pedestal de lujo, de puertas abiertas a las ideas, a las palabras, a la biblioteca, a las exposiciones, a las fiscalizaciones y a todo lo que deseen sus integrantes fraternalmente, a los debates, a los intercambios, porque esta Casa es de todos y de todas quienes la han construido y la construyen día a día sin excepciones, y nadie podrá destruirla mientras así podamos sentirla, nuestra, con los vaivenes de los tiempos y la pluralidad de las corrientes literarias.
Hoy es un día de alegría y por eso les deseo una feliz gestión, y a todos y a todas un año de Casa tomada por los amantes de la cultura.
 

Montevideo, diciembre de 2007

 

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